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Umbria Jazz Winter #18

Umbria Jazz Winter #18
Joan A. Cararach By

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Umbria Jazz Winter #18
Orvieto, Italia
29 de diciembre 2010—2 de enero 2011
En el jazz los sueños existen. Uno de ellos se llama Orvieto.
Hermano menor del Umbria Jazz Festival que cada verano se celebra en Perugia, el Umbria Jazz Winter de Orvieto complementa de un modo sabio las programaciones de ambos festivales y, además, contribuye al equilibrio buscado por el principal patrocinador del festival, la región de Umbría, que de este modo divide el acontecimiento en dos ciudades que pertenecen a las dos subregiones umbras, Perugia y Terni.
Enclavado en Orvieto, con todos los locales a menos de 10 minutos paseando por una ciudad de enorme encanto (incluido el restaurante del festival, Al San Francesco, donde la excelente comida y trato hacen honor a la hospitalidad que tanta fama ha dado al festival dirigido por Carlo Pagnotta), el Umbria Jazz Winter llegaba esta año a su edición número 18, una mayoría de edad que resultó en cinco días programados con sutileza, y dominados por pianistas y voces. Orvieto es también el lugar donde la cena de fin de año reúne a casi todos los artistas presentes para compartir el cambio de año. Ahí uno puede escuchar, por ejemplo, a Lew Soloff disertando brillantemente sobre las estructuras rítmicas y los ataques de los metales cubanos ante dos músicos recién presentados, el joven pianista cubano Alfredo Rodriguez y Chick Corea. Una experiencia única, desde luego, para quien tuviera la suerte de estar cerca de esa conversación...



Corea era, junto con Stefano Bollani, la atracción central del festival, con tres conciertos a dúo en el Teatro Mancinelli que iban a ser grabados por ECM. En forma como nunca, preparando durante esos días su próxima gira con Return To Forever y sus conciertos de enero con Wynton Marsalis y su Jazz at Lincoln Center Orchestra, el siempre extrovertido Corea encontró en Bollani a un conversador atento, juguetón y radicalmente vital cuando convenía. Además del perfecto entendimiento entre los dos y del alto nivel técnico exhibido por ambos en la búsqueda de auténticas texturas de dúo, cuando los dos pianos se fusionan en un diálogo fluido y cuesta realmente saber quién toca qué, ambos buscaron un terreno común en el que, sin dejar de ser ellos mismos, se hablara un mismo lenguaje musical. Son ambos músicos tan creativos que las tres noches fueron tremendamente distintas, aun a pesar de tener un repertorio base en el que destacaban sobremanera las baladas (entre otras, "Darn That Dream," "If I Should Love You," "Nardis") y el repertorio de origen brasileño ("Retrato em blanco e preto," "Doralice," "Folhas Secas," "Este Seu Olhar"), con alguna excursión española ("Tiritritán") y obra propia de ambos pianistas ("A Valsa da Paula," de Bollani, y "Armando's Rumba" y "Spain," de Corea). Tres noches excepcionales, material de excepción para un disco que en principio será, ay, simple. Para el propio Corea, la segunda noche "es el disco." Cuesta contradecir al maestro, pero entre la primera y la tercera noche también hay una excelente cosecha por escoger. Bendito problema ahora para ECM.

Más alla de la maestría de Corea y Bollani, Umbria repetía con un pianista que, recomendado por Quincy Jones, está tomando al asalto los festivales de todo el mundo (y muy pronto, los de España). Se trata de Alfredo Rodriguez, otro de los increíbles fenómenos musicales que aparecen en Cuba. Fue, sin duda, la sorpresa del festival con sus tres conciertos a trío y un concierto en solitario. Acompañado por Peter Slavov al contrabajo, que ejerce de ancla poderosa, y Francisco Mela a la batería, sorprende la cohesión del trío, la fuerza de su propuesta, el trabajo conjunto de tres músicos que tienen claro que pueden constituirse en una referencia del jazz contemporáneo por su trabajo conjunto. Detallista a la hora de apropiarse de la baladística cubana ("Quizás, Quizás," "Veinte años"), arriesgado en sus propias composiciones —"Transculturation," "Silence," "Cu- bop"—, Rodríguez dio muestras constantes de una madurez y de un discurso profundo realmente insólitos. Está claro que su futuro es luminoso —y que Jones, que lo califica sin ambages como uno de los músicos más impresionantes que jamás ha visto, tiene desde luego buen ojo—, que su expresión aúna con eficacia la parte clásica de su formación (su versión de las "Gitanerías" de Ernesto Lecuona fue sobrecogedora) con la cubanía y con el jazz en todos sus colores y manifestaciones. "Yo a éste no lo suelto," sonríe Mela —que aporta unas maravillosas dosis de rotunda fantasía e imaginación al trío— cuando se le habla de qué opina de Rodríguez. Lleva razón, sin duda. Su versión de "Stille Nacht" ("Noche de paz") en solitario fue, por ejemplo, uno de aquellos momentos imposibles de olvidar. Y aún no ha cumplido 25 años...

No se acababan aquí los pianistas, no, porque Umbria Winter Jazz también acogía a dos de los representantes de la extraordinaria escena italiana, Dado Moroni y Danilo Rea. El segundo, protagonista hace años en este mismo festival de un dúo con Brad Mehldau, presentaba en solitario su homenaje al cantante Fabrizio de André, Piano Works X: Danilo Rea at Schloss Elmau. A Tribute to Fabrizio De André (ACT, 2010); el primero, el disco a trío con el vibrafonista Joe Locke y el saxofonista Rosario Giuliani Stepping on Stars (Egea, 2010), grabado precisamente en Perugia, en el Umbria Jazz Festival 2009.

Rea ha encontrado en las canciones de De André, una de las voces de referencia de la segunda mitad del siglo XX en Italia, una mina para sus propias exploraciones improvisatorias en solitario y su gusto melódico. Si bien el público italiano puede reconocer muchas de las piezas cantadas por De André (¡ay, la "Canzone di Marinella"!), el pianista parece tomar el material de origen casi como mero punto de partida para sus vagabundeos pianísticos, en el buen sentido del término, un paseo que termina convirtiéndose en un apasionado flujo de conciencia en el que unas ideas parecen alimentar a las otras sin descanso. El público, que llenó todas sus sesiones, le correspondió con una concentración pasmosa.



Elegante, sofisticado, culto, exquisito. Cualquiera de estas palabras puede definir el trío Moroni-Locke-Giuliani, que en sus composiciones evocan una silenciosa energía, con contrastes notables entre las personalidades de los tres músicos. "Brother Alfred," por ejemplo, dedicada por Moroni a McCoy Tyner, juega con una introducción modal que escarba en el recuerdo del Tyner que cambió, dentro del cuarteto de John Coltrane, la manera de entender el piano jazzístico. Por contraste, "Beatrice Rose," dedicada por Locke a su hermana —llamada así en honor de la Beatriz de la Divina Comedia de Dante, ahí es nada—, es una pieza de poética melancólica, así como "Sword of Whispers," dedicado al cantante Jimmy Scott a partir de la definición de un crítico, que escribió que la voz de Scott "hiere la verdad como una espada, pero una espada de susurros." Otro original de Locke, "Love is a Pendolum," termina de decantar el sonido del trío hacia su aspecto más misteriosamente lírico.

Más, más italianos mezclados con músicos llegados de Estados Unidos: el trompetista Paolo Fresu y el trombonista Gianluca Petrella compartían cuarteto, Brass Bang!, con el también trompetista Steven Bernstein y el tuba Oren Marshall, en un concierto en el que se mezclaban originales (de Fresu y Marshall), arreglos muy diversos (desde los Rolling Stones hasta la popularísima "Guarda che luna," de Fred Buscaglione, pieza usada como bis para rendir homenaje a Italia, según las propias palabras de Bernstein). Alquimia perfecta entre los cuatro, con mención especial para un Petrella cuyo sonido e ideas son en verdad abrumadores, capaz de tocar en pianissimo con una fuerza y una exuberancia espectaculares. Además, la Brass Bang! compartía conciertos con la Ray Anderson's Pocket Brass Band, extraordinaria formación de bolsillo en la que los diálogos de la trompeta de Lew Soloff con el trombón de Anderson tenían el contrapunto rítmico del susafón de Matt Perrine y la batería de Bobby Previte.



Orvieto es un sueño. Durante cinco días, los músicos van repitiendo actuaciones, en algunos casos en escenarios distintos. Eso permite, además de ir encontrándose de un lugar a otro a los músicos entre conciertos (y a la hora de comer, ¡por supuesto!), retomar propuestas, como por ejemplo la de la vocalista de Chicago Dee Alexander, convertida en la sorpresa de Umbria Jazz Winter. En sus conciertos, en los que no fue extraño encontrarse con público repetidor, Alexander recordó una figura capital de la música improvisada en Chicago, el multiinstrumentista Light Henry Huff, con su Evolution Ensemble, un quinteto cuya inusual tímbrica (violín, violonchelo, contrabajo y percusión) añade enteros a una de las propuestas vocales jazzísticas más exquisitas y flexibles de la actualidad —el rango técnico de Alexander puede ir desde el susurro baladístico hasta la onomatopeya free, para entendernos—.

Umbria Jazz también cuida el pequeño formato, con conciertos sobre todo en el Palazzo dei Sette, con artistas que son habituales del festival o están en camino de serlo como KJ Denhert, una cantautora con personalidad fiel a una especie de melting pot musical que ella misma define como "folk urbano y jazz"; el savoir faire y la joie de vivre del cantante, guitarrista y discjockey Nick The Nightfly, y una de las leyendas del jazz italiano, el octogenario pianista Renato Sellani, a quien el programa del festival define como "un clásico sin tiempo." Sin olvidar asimismo el gospel, con un concierto estelar en el Duomo de los Selvy Singers.

Y, por fin, la última noche, consagrada a los premios de la revista Musica Jazz, una de las publicaciones europeas más activas, con una tirada de más de 20.000 ejemplares mensuales. Artistas como el batería Roberto Gatto (presente en el festival con un vibrante homenaje a Shelly Manne) y los ya mencionados Giuliani y Rea fueron algunos de los premiados presentes en la serata finale orvetiana. En la que destacó, por supuesto, un torbellino llamado Francesco Bearzatti, cuyo Tinissima Quartet ganó el reconocimiento a grupo del año así como su disco, X (Suite for Malcolm) (Parco della Musica, 2010), fue considerado el CD del año. Teniendo en cuenta que no había tiempo para interpretar la suite completa, Bearzatti y su cuarteto (Giovanni Falzone a la trompeta, Danilo Gallo al contrabajo —otro de los premiados por Musica Jazz— y Zeno De Rossi a la batería) anunciaron que iban a interpretar un repertorio distinto. Y sí, fue distinto: tres opus monkianos construidos alrededor de las rítmicas de tres piezas de rock. Un diálogo frenético, provocador, delirante, que en según qué manos podría haber sido en un pastiche sin sentido, y que el Tinissima Quartet convirtió en 20 minutos de jazz libre y salvaje: Blue Monk sobre My Sharona (The Knack), Bemsha Swing maridado con Another One Bites The Dust (Queen) y, para terminar, Straight No Chaser cabalgando encima de Walk This Way (Aerosmith). Arrasaron, claro.

En efecto, los sueños en el jazz existen, y Orvieto es uno de ellos.



Fotografías: Alfredo Rodríguez / Chick Corea y Stefano Bollani / Dado Moroni, Rosario Giuliani y Joe Locke / Gianluca Petrella / Francesco Bearzatti y Giovanni Falzone. Cortesía de Umbria Jazz Winter # 18.

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