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44 Voll-Damm Festival de Jazz de Barcelona: Paolo Fresu Monvinic Experience

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ENRIQUE TURPIN,
Enrique Turpin

Enrique Turpin

Contributor since 2010

Enrique Turpin is a jazz journalist and General Secretary of the Spanish Association of Literary Critics

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Published: November 23, 2012

Llegó el turno de Alta Alella Dolç Mataró, que hubo de buscar genealogía allende los mares. La variedad Mataró regresó de Australia para ser reimplantada en su lugar de origen, y Josep Maria Pujol Busquets ha hecho de esta uva Monastrell (la Mataró, como la nombran los antípodas) un corolario de su saber enológico. La Julieta de Shakespeare tendría mucho que decir si probara este vino dulce sin saturación. "Insultante belleza" fue uno de los sintagmas con los que el reconvertido sumiller Carol definió este vino de Alella. Tampoco hubiese desentonado en él el adjetivo 'hospitalario.' Todo un descubrimiento a la vuelta de la esquina (va derecho a la bodega personal, desde luego) que trae recuerdos del primer beso, de lo que no se olvida pese a su simpleza y de haberse repetido en el tiempo. Siempre dulce, siempre fresco.

La velada concluía con la alegría que desprendía el Ino de Masia Serra, un solera de Garnacha vieja que sirvió para que Fresu volara junto a A Filetta por sonoridades que ya se había mostrado en Mistico Mediterraneo (ECM, 2011). Vino reverencial, eclesiástico sin fanatismo, hedonista porque sí. Tan pícaro como el Puck de Una noche de verano con el que Carol lo asoció acertadamente. Como el duendecillo shakespeariano, también este vino dulce cumple las funciones de aquella famosa flor que enamoraba con sólo mirarla. Aquí habrá que abrir los sentidos y, además, degustarla en forma de denso líquido almibarado. El enamoramiento queda garantizado,

La última edición de la Monvínic Experience llegaba a su fin. Un par de bocadillos, firmados por el chef Sergi de Meià e inspirados en Cerdeña y Barcelona, ponían el colofón nutricio a tanta euforia solazada. Concluía, pero no finalizaba, pues hay sensaciones que dejan rastro a pesar del tiempo transcurrido. Es más, potencian sus efectos con el paso de los días, como lo haría el recuerdo de aquel primer beso. Por suerte, uno puede llegar a Monvínic y recuperar la emoción de aquel instante mágico (Omar Sosa no pudo renunciar a la visita y regresó como uno más de los afortunados entre el público que dieron cuenta del evento). Es un lugar que entiende de esas cosas. Uno sólo tiene que dejarse llevar y buscar los besos perdidos en el fondo de una buena botella de vino. Dionisio sabrá recompensarles.

Fotografías: Lorenzo di Nozzi

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