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Live Reviews
44 Voll-Damm Festival de Jazz de Barcelona: Mavis Staples, Lee Fields y Esperanza Spalding
Han sido muchos los que han caído en la trampa de asimilar el registro de Lee Fields al de James Brown. La conexión obvia existe, desde luego (prueba de ello es la versión con la que el soulman cerraba el bis de su concierto barcelonés, una rendida y casi milimétrica versión del "Sunny" de Bobby Hebb al estilo protodisco del Goodfather). Pero las formas de expresar el alma de la estrella de Truth and Soul Records andan más próximas a las del clásico Bobby Bird. De clasicismo hablamos: los quilates de rabia que Fields dejaba escapar en ciertos momentos de la actuación tenían la fiereza del segundón que sabe que también para él existe un momento de gloria. Él lo está teniendo desde la aparición en el mercado de My World (Truth and Soul, 2009), en single desde 2007, pero no ha sido hasta el estallido de la fiebre retrosoul de estos últimos años cuando estas estrellas en la sombra han podido girar sin miedo al fracaso. De hecho, el aforo de Luz de Gas fue el de los grandes eventos, y el público se dejó mecer por la fiesta que siempre garantiza Fields y su conjunto de acompañamiento, los pálidos, hieráticos, precisos y efectivos The Expressions (la palma se la lleva el teclista Toby Pazner, su pose contenida estaba más estudiada que las páginas de mecánica del Código de Circulación).

Esperanza Spalding
44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona
Teatre-Auditori Sant Cugat
10 de noviembre de 2012
Siempre sorprende ver lleno el Teatre-Auditori de Sant Cugat. El público suele ser generoso con el programa de conciertos de la ciudad y es entusiasta aun cuando la cosa no sea para tirar cohetes. A nadie se le pasó por alto que es el momento de Esperanza Spalding, y había que poner la cruz en la casilla del cromo que faltaba. Pero Spalding trasciende el fenómeno. Ha sabido conjugar como pocos las buenas artes con una elección de repertorio y un olfato para la mercadotecnia que hace que uno sólo pueda aplaudir el quiebro. Hay poco que no brille en su apuesta al frente del colectivo que ha formado con Music Society: buenos solistas de viento, un teclista despierto, un baterista muy funky (aunque sólo funky), un guitarrista fino, fino, y unas voces de amplio espectro. La de Spalding es resultona hasta decir basta, pero la musicalidad que transita por sus cuerdas vocales lo compensa todo. También ayudó la sencilla escenografía, con la sección de metales parapetada tras un gigante beatbox (¡con doble pletina y ecualizador de diez bandas!) que recordaba por momentos al que llevaba a cuestas el buscapleitos Radio Raheem en Do The Right Thing (Spike Lee, 1989).






