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Interviews
Stefano Bollani, retrato múltiple de un grande ubicuo
Divertirse no es palabra hueca en el universo bollaniano. Para el batería Jeff Ballard con quien el pianista ha compartido escenarios y el disco New York Days (ECM, 2008) en el quinteto de Enrico Rava y en su aventura con la NDR, Big Band! (Verve, 2011) lo que hace a Bollani tan especial es "su inteligencia y su rápido humor; sus extremos en lo serio y en lo cómico. Es capaz de pasar de una gran delicadeza a una jovial chifladura de un instante al otro." Para Carlo Pagnotta, director artístico de Umbria Jazz y que desde su cargo ha sido testigo excepcional del crecimiento del pianista, Bollani también es especial por "la manera cómo se enfrenta al público con su humor." "Una imaginación audaz; un sentido del humor salvaje; un profundo liricismo." Así define al pianista milanés, aunque toscano de adopción, el periodista Thomas Conrad, colaborador de Jazz Times. "La velocidad de pensamiento, la capacidad de improvisación y el sentido de diversión con el que gestiona ambas características," opina Filippo Bianchi, jefe de redacción de la revista Musica Jazz. Una personalidad múltiple que inspira a Flavio Severini, asesor musical del Parco della Musica romano, a definirle así: "Citando a Walt Whitman: '¿Que yo me contradigo? / Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué? / (Yo soy inmenso, contengo multitudes.)' Stefano lo es todo, pianista extraordinario, artista, funámbulo del teclado y de la palabra." "Un gran artista prosigue Severini que divierte y se divierte."
Tiene razón Severini. Bollani divierte. Es un artista que vive el directo con pasión y sin complejos (¿quizá influencia de sus años al lado de iconos del pop italiano como Jovanotti?). Hasta el punto de que él mismo reconoce que el público es una de sus principales fuerzas motrices, y pone como ejemplo una anécdota de su relación con Gershwin, Riccardo Chailly y la Gewandhaus de Leipzig (el disco resultante fue publicado en Italia en el 2010 e internacionalmente en el 2011): "Hay un pasaje del Concierto en fa para piano y orquesta que nunca me salía, ni ensayando solo ni con la orquesta," cuenta. "Era un drama, me sentía avergonzado ante tantos músicos de orquesta de primer nivel. Pero cuando lo tocamos en directo, con el público, salió sin problemas. Me di cuenta entonces de que realmente tengo necesidad de la adrenalina que me da la audiencia. Sin el público no hubiera tocado ese pasaje correctamente."

La relación del pianista italiano con la Gewandhaus de Leipzig tendrá continuidad con un nuevo disco, dedicado a Maurice Ravel, un compositor bastante más interpretado por los pianistas clásicos que Gershwin y, por eso mismo, una operación bastante más arriesgada: "Me ha convencido Riccardo [Chailly], y tengo mucha curiosidad por saber qué puedo añadir yo a Ravel, porque después de grabaciones como las de Martha Argerich, Arturo Benedetti Michelangeli y Krystian Zimerman, entre otros, parece que no hay necesidad alguna de una nueva grabación," reconoce. Aun así, Bollani se siente "preparado" y considera que "quizá" puede añadir "un punto de vista jazzístico a un concierto [en sol mayor] que tiene mucho de jazz; hay incluso un poco de las baladas de Billy Strayhorn en el movimiento lento." "Ahí es donde yo creo que Riccardo quiere que le ayude: a explorar esa vertiente jazzística de Ravel."























