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Interviews

Agustí Fernández: saber escuchar

By Published: October 26, 2009
Triple salto en el tiempo. Palma de Mallorca, en las Islas Baleares, a principios de los 60. Fernández a duras penas es capaz de alcanzar con sus manos las teclas de un piano, pero cuando lo consigue, toca una de ellas y se queda un buen rato escuchando el sonido que produce. Así ve transcurrir unas cuantas tardes. Llega, casi 15 años después, a la Barcelona posfranquista de la jazz-rockera Ona Laietana. Le presta su ya incipiente talento como pianista —y también como arreglista— al cantante rumbero Gato Pérez, con quien constata que todo lo que cuenta en sus canciones el Gato lo ha vivido en la calle y en su propia piel. La intención, sin embargo, es estudiar música contemporánea, aunque quien se la enseña no va mucho más allá de Ravel y Debussy.



Un tanto frustrado, se entera de que en Aix-en-Provence, en el sur de Francia, Iannis Xenakis —uno de los compositores europeos que venera, junto con Ligeti, Berio y Stockhausen— imparte un curso de dos semanas, y al pianista esos 15 días le cambian la vida. "Xenakis era matemático, pero también un arquitecto que había trabajado con Le Corbusier. Era un músico que había estudiado con Messiaen pero también un pensador. Y, evidentemente, su formación técnica y científica la aplicaba a la música. De Xenakis, un Da Vinci del siglo XX, aprendí mucho más que música. Aprendí el hecho global."





Al lado de Xenakis, Cecil Taylor es otro nombre capital para la formación estética de Fernández. Lo descubrió vía Silent Tongues (1201 Music, 1974), disco con el que comprendió que "aquella forma de tocar, libre, compacta, global," era al fin y al cabo la que buscaba con su piano. "Descubrí que el jazz podía ser otra cosa, y que se podía tocar, entender e improvisar de manera diferente. él me abrió esa puerta."



La experiencia de Nueva York

A mediados de los 80, Fernández vive su New York City experience particular, un tanto frustrante. "Llegué a Nueva York con la idea de encontrar un lugar donde desarrollar lo que tenía en mente, que tampoco sé muy bien que era exactamente, aunque sí que había ciertas inquietudes. Lo que existía entonces era de la música del Downtown, con John Zorn

John Zorn
John Zorn
b.1953
sax, alto
, Fred Frith
Fred Frith
Fred Frith
b.1949
guitar
... gente, en definitiva, que estaba mucho más cerca del garage rock que del free jazz." "Me era imposible—prosigue— ver qué podía hacer yo con mi piano en un grupo de rock con tantos pedales y tantas distorsiones, y un batería metiendo caña. Volví pensando que lo que quería hacer en Nueva York podría hacerlo trabajando duro en Barcelona."



Cursos con Xenakis, lecciones —claro está— en conservatorios, profesor ahora en la misma Escuela Superior de Música de Cataluña (Esmuc) cerca de la que estamos conversando, pero Fernández sigue declarándose, ay, "músico autodidacta." "Me considero así porque lo que yo quería aprender nadie me lo podía enseñar. Como dijo el escultor Eduardo Chillida, el arte se puede aprender, pero no se puede enseñar. Existe todo un camino que lo he recorrido solo. Hay en mi algo de la tradición europea de piano clásico y del jazz, pero ni me siento inserido totalmente en la tradición de la música contemporánea europea ni tampoco en la del jazz. Tengo varios pies, y en lugares distintos. Las tiendas igual no saben muy bien en qué estantería colocar mis discos, pero no quiero renunciar a poderme expresar con todas las lenguas musicales que me apetezcan." La variedad sin fronteras, en resumen, al poder: "Picoteo en la música popular, las músicas del mundo, la electrónica, la música antigua, la moderna. Jazz, tango, flamenco. Pero a mi manera, y eso es ser autodidacta."



Llegados a ese punto, la pregunta clave: ¿qué es necesario para ser un buen improvisador? "Saber escuchar," contesta al instante. ¿Más que, por ejemplo, saber tocar? "Sin duda. Un improvisador hace tres cosas a la vez: escucha, toma una decisión y la ejecuta. Y eso se retroalimenta continuadamente. Si no escuchas, se corta el proceso. Puedes, si quieres, tomar decisiones sin escuchar, o incluso tocar sin escuchar, pero entonces lo que haces no es improvisar. La escucha es la condición básica de cualquier músico. Si no escuchas el sonido, la sala, a ti mismo o al compañero con quien estás tocando, es que no hay nada que hacer." ¿Y, hablándose tanto de improvisación libre, que es para él la libertad? "La enorme responsabilidad de decidir qué quieres tocar, que nadie te imponga lo que tienes que hacer. La máxima libertad es ser responsable del 100% de las cosas que haces."



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