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Interviews

Concha Buika: el canto necesario

By Published: October 28, 2009
De su infancia mallorquina, la cantante recuerda que ella siempre fue "un trasto." "Siempre he destacado por ser un desastre. Era una chavala torpe, de barrio. Me siento incómoda ahora mismo," reconoce ante la proyección pública de su figura. Su biografía oficial cuenta que cantó en clubes y bares de Mallorca y que en el 2000, "no se acuerda muy bien cómo y por qué, llega a Las Vegas, donde trabaja en casinos como doble de Tina Turner y The Supremes." A su regreso a España, prosigue el relato, se instala en Madrid y graba su primer disco, Buika (Dro East West, 2005): "En el estudio de grabación le gana el pulso a cuatro productores empeñados en imponer un estilo reconocible," ironiza la biografía.

Culpables y víctimas

Buika se curte por aquel entonces en los clubes de Madrid: "A veces cantaba para tres personas: dos eran mis primas y la tercera quien me había acompañado," recuerda. Aun así, siempre fue fiel a su credo: "Somos todos público. Todos estamos en un acontecimiento en el que somos a la vez culpables y víctimas. Es todo tan romántico, tan poético, tan civilizado y selvático a la vez... Yo nunca pude coger el dinero de un bolo. Había noches que eran tan salvajes que me daba angustia recoger el dinero, lo poco que me pagaran entonces. Cantabas a veces a la arruga de la frente de quien estaba en primera fila." Hoy Buika ha grabado tres discos más a su nombre, siempre con Javier Limón como productor y cómplice: Mi niña Lola (2006), Niña de fuego (2008) y El último trago (2009). Ya no frecuenta la vida nocturna —"es aburrido, un tostón al cuadrado, mandíbulas batientes contando tonterías"—, pero sigue saliendo al escenario con su máxima picassiana: "Soy una nota que encuentra, no que busca." ¿Qué cree que siente la gente cuando la escucha y la ve cantar? "No lo sé, yo todavía no entiendo qué pasa —responde—. Se me acerca la gente y me dice tales cosas que me da susto, porque no lo entiendo."



Estamos al final de la cena. Nuestro último trago es (por esta noche) un vino tinto de la región catalana del Penedès. "Muchos han asociado lo del último trago a la muerte, pero yo no lo veo así: el último trago es el que precede al siguiente. Es despedirse del miedo, cierras algunas cosas y abres otras." [Dio otras pistas su productor, Javier Limón, en una conversación este verano: "Todavía no se ha visto ni un 20% de lo que ella puede hacer. Todavía no se la ha escuchado bien, por ejemplo, cantando estándares de jazz en inglés."] Pero ahora es el momento de saborear El último trago, con una gira que la lleva por distintas ciudades españolas, París, México y Argentina. El asalto a Estados Unidos tiene también fecha: otoño del 2010.

¿No la abruma el éxito?, le pregunto echando mano, ay, de un tópico. "El éxito es que mi niño sonría, que mi gente esté contenta, que en mi casa haya paz. Vender, el dinero, son vicisitudes de la vida." ¿Y no hay miedos? "No tengo miedo de mí misma, ni del juicio que se toman los otros. Jamás he tenido miedo en nada relacionado con la música. Ni a desafinar, porque eso también soy yo." "Tengo pocos miedos —concluye—. Lo digo desde la humildad, claro, pero no me da miedo no vender muchos discos, ser más o menos guapa, tener más o menos dinero. Disfruto del placer del sexo, de la carne, de la comida, de arrancar una sonrisa, de cantar —insiste- - para quien lo necesita."

Y sí, Ben Ratliff tiene razón: hay que detener de vez en cuando El último trago para darse un respiro y descansar de tantas emociones. Porque el canto de Buika duele, hiere. Pero con su voz el futuro —volvemos a Almodóvar— "no puede ser tan malo como parece," mientras podamos, sentencia, "ser testigos de la evolución riquísima de esta intérprete infinita."


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